Es ahora entre servales y madroños, sorteando las primeras setas de la temporada, cuando nuestros montes y sierras se encojen por el bramido hondo de uno de sus más ilustres inquilinos: el ciervo.

Entre desgarrantes bramidos, le berrea nos muestra el lado más noble de la selección natural, solo el más fuerte y el mejor dotado conseguirá el harén de hembras que le permita, una vez más, perpetuar la especie. Las tardes de septiembre y octubre se bañarán de combates interminables y sonidos de otro mundo por la más ética de cuantas razones tiene la naturaleza para explicar la lucha entre dos individuos: la reproducción, la supervivencia.
Octubre es mes de amoríos y romances para los grandes herbívoros del bosque, como también lo es para los grandes amantes de éste. Salir al campo en éstas fechas trae recuerdos y músicas que con “celo” guardaremos de por vida, nunca mejor dicho.