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jueves, 25 de diciembre de 2008

“TAXUS BACCATA” Y CANCER

Ya hemos hablado de el Tejo y la veneración que a éste árbol procesaban nuestros antepasados, ahora vamos a hablar de su uso en la medicina tradicional y la importancia que esta conífera tiene hoy en día para la industria farmacéutica.

“TAXUS BACCATA” Y EL TAXOL

Hace ya dos mil años el geógrafo e historiador griego Estrabón dejó constancia de que los celtas impregnaban la punta de sus flechas con veneno de Tejo o como los cántabros se suicidaban con esta conífera antes de caer presos del enemigo, según palabras de Silio Itálico.
Si bien en medicina popular el Tejo se evitaba por su elevada toxicidad, incluso en muy paqueñas cantidades, en el norte de España el arilo se empleaba para elaborar jarabes contra la tos o el malestar pectoral. Más tarde, en los años sesenta, se identificaron más de 40 alcaloides distintos en la corteza de este árbol con propiedades “antitumorales”, de los cuales destacó uno llamado “taxol”, que posé una alta actividad anticancerosa, sobre todo frente al cáncer de mama y de ovario. Por esta razón, el taxol se ha convertido desde entonces en una de las drogas más utilizadas para el tratamiento contra este mal.
A raíz de todo lo explicado anteriormente la demanda de la corteza de Tejo se disparó en la década de los años noventa, pero debido al lento crecimiento de nuestro abuelo vegetal se ha propuesto la plantación masiva de estos árboles, así como el empleo de sus hojas para extraer este alcaloide, a pesar de que las hojas tienen una menor proporción del mismo comparándola con la concentración que encontramos en la corteza y su manipulación resulta más compleja.

Espero que os hayan gustado la serie de artículos sobre ésta conífera milenaria y que valgan pues, estas palabras, para “hacernos eco” de la importancia que tiene éste escaso y milenario testigo natural.

domingo, 21 de diciembre de 2008

“TAXUS BACCATA” ....(2ª Parte)

Como dijimos ayer, ésta conífera milenaria de la familia de la “Taxodiáceas” siempre se ha distinguido por mantener entorno a ella ese alo de misticismo y respeto que las culturas atlántico europeas le han procesado, pero debemos saber que además de ésta ambigua y más o menos práctica propiedad, ésta gimnosperma posé otras muchas que engloban un amplio espectro de aplicaciones.

UNA EXCELENTE E INTERNACIONAL MADERA

La madera de éste árbol es una madera fuerte, longeva, densa y algo flexible, lo que hizo las delicias de los artesanos de la edad media, cuando toda Europa y por ende, la península ibérica, guerreaba. Con ella se fabricaron las más preciadas de las lanzas y arcos. Hoy en día todavía se encuentra entre las maderas más valoradas en Europa y se construye con ella tarimas, sillas, mesas o instrumentos musicales.
Ésta gran valía de su madera hizo que los Ingleses la importaran desde la península ibérica a lo largo de toda la edad media. Así se realizaron bastas repoblaciones en toda la isla o se trasportaron por barco ingentes cantidades de madera con el fin de fabricar arcos como los españoles, considerados como los más fuertes y resistentes.
Ésta presión medieval a la que fueron sometidos los Tejos de la península ibérica llevó a la creación de legislaciones a favor de su protección. Un buen ejemplo de la toma de éstas medidas son los antiguos fueros de Soria y Segovia, que protegían tanto al Tejo como al Acebo pudiéndolos utilizar solo para su uso “forrajero”, pero ojo, únicamente las ramas que se pudieran cortar con las manos.

UN ÁRBOL EXQUISITAMENTE TÓXICO

Para el hombre todo el árbol es fuertemente tóxico excepto el “arilo” rojo y carnoso que protege sus semillas. Éste arilo rojo es conocido en los pueblos del norte peninsular como “el chupetín” ya que antiguamente ésta ”envoltura” carnosa era para las gentes de dichos pueblos lo que es hoy el ChupaChups para todos los niños.


El hecho de que en las montañas cantábricas de Galicia, Asturias o León el Tejo crezca entre robledales y hayedos o mezclado con Acebos, Abedules, Mostajos, Serbales o Fresnos tiene una explicación, al igual que la tiene su reclusión a las grietas y roquedos en las sierras béticas. Ésta explicación está basada en su forma de dispersión, la zoocoria. Curiosamente aunque para el ser humano este árbol es “tremendamente” toxico, salvo el arilo, muchos animales son los que lo utilizan para alimento, como ciervos, corzos o ganado vacuno (los caballos y las ovejas no). La cabra montes ramonea los ejemplares jóvenes de Tejo y cuando abunda, llega a impedir su regeneración. Los tejones, zorros y garduñas también dan buena cuenta de la fuente de azúcares que les proporciona el arilo, sobre todo el primero.
Entre la “ornitofauna” que se ve atraída por el llamativo y dulce arilo se encuentran aves de pequeño y mediano tamaño tales como el mirlo, zorzales charlos y comunes o el arrendajo, currucas capirotadas y perirrojos, aunque estos tres últimos en menor medida. Las semillas y no el arilo es consumida por verderones, carboneros comunes, picogordos y pájaros carpinteros, como picos picapinos y pitos reales.
Como decíamos antes, la fauna que dispersa las semillas del Tejo es la causante de que aparezca junto a unos árboles o junto a otros, dado que éstos consumen varias especies de frutos que más tarde dispersaran a la vez en sus excrementos, así todos éstos árboles una vez que germinen aparecerán “alado unos de otros”. Dependiendo cual haya sido el ave que haya dispersado las semillas es habitual encontrar unas agrupaciones u otras, por ejemplo, los zorzales alirrojo y charlo consumen los arilos del Tejo junto con las bayas del Acebo, por lo que si nos encontramos Acebos junto a Tejos, sabremos quién los ha llevado hasta allí.

Después de todo lo dicho solo cave comentar que el tejo es un excelente aliado de la medicina popular y, no tan popular, pero de esto hablaremos otro día.

sábado, 20 de diciembre de 2008

“TAXUS BACCATA” ....(1ª Parte)

El Tejo es un árbol singular, antiguo, milenario. Es un árbol místico, diría yo, de leyendas y cavilaciones. Cientos de estas leyendas e historias misteriosas relacionadas con su toxicidad sazonan la aureola de ensueño que rodea a éste abuelo vegetal. Nosotros vamos a conocer algunas.

Este árbol de terrenos calizos pero que también tolera bien los silíceos y se adapta lo mejor que puede a los arcillosos, crece con frecuencia en desfiladeros y cañones rocosos, introduciendo sus raíces de un modo sorprendente entre las grietas más inverosímiles, como el Tejo que cuelga de manera sorprendente sobre un roquedo del Parque Natural de Valderejo, en Álava.
Su ecología le ha llevado a colonizar desde terrenos “pizarrones” o graníticos como sucede en muchas partes de Lugo o Segovia, hasta terrenos castigados por la sequedad o el sol, como ocurre en la sierra de Mariola, Alicante.
Pero el Tejo es, ante todo, un morador de zonas húmedas, montañosas y frías, ése en su hábitat por excelencia.
“Taxus baccata” no crece en el bosque formando grandes manchas forestales sino que crece de forma aislada o dispersa en el seno de otros bosques. Esto no quiere decir que no se “consumen” algunos “rodales” con ejemplares centenarios que dan alimento y protección a mamíferos como el Tejón que, por cierto; ¿de dónde vendrá su nombre?.


Cuando antes me refería al Tejo como “abuelo vegetal”, es porque entre las especies arbóreas europeas el Tejo es una de las más longevas. Por poner un ejemplo de esta propiedad podemos hablar del Tejo plantado frente a la abadía de Fontaine, en el norte de Francia, que sirvió ya por el año 1134 de refugio contra la lluvia para los monjes que se afanaban en la construcción de la misma.
Otro ejemplo curioso es el Tejo de Fortingall, en Escocia, considerado como el ser vivo más antiguo de Europa y que ha sido datado junto a un monumento funerario celta en más de “2000 años”, sí sí, has leído bien, “más de 2000 años” de antigüedad, ahí es nada. No obstante la media de edad de los Tejos españoles o europeos viene rondando los 800 años, que no es poco.


EL TEJO Y LA ETERNIDAD

El Tejo, al igual que le ocurre al ciprés en las culturas mediterráneas, representa la eternidad en las culturas atlántico europeas.
Este árbol se plantaba en cementerios y santuarios hace milenios precisamente por lo que significaba para las gentes de la época. También por su longevidad, aspecto y toxicidad, que le otorgaba el “san benito” de letal. Era habitual que se realizaran asambleas o fueros regionales al amparo de su sombra para que así quedara fiel constancia de la eterna validez del acuerdo.
Fue tal la veneración de éste árbol que hasta nuestros días llegan reminiscencias y costumbres que en “antaño” fueron “quehaceres” obligados, tales como poner una plántula o brote recogido en el monte, cerca de las nuevas construcciones o “bendecir” sus ramas en el Domingo de ramos, como si de una rama de palma se tratase, para posteriormente colocarla en las ventanas como protección contra rayos y desgracias.

Pero si hemos dicho que el Tejo tuvo un gran valor emocional en las culturas celtas y atlántico europeas, no menos fue el aprecio que procesaron éstas a su madera……(Pero esto lo trataremos en la 2ª parte).

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